Cómo los algoritmos han redefinido los mecanismos de selección de la información.
Durante años se ha repetido una idea aparentemente evidente: las redes sociales acabaron con los antiguos guardianes de la información. Al desaparecer los editores, periodistas y verificadores tradicionales, cualquiera podría producir y difundir contenidos sin ningún tipo de filtro. Sin embargo, ¿desaparecieron realmente esos mecanismos de selección?
En un nuevo artículo de perspectiva, el Dr. Alireza Valizadeh, investigador del Instituto Zapata-Briceño de Neurociencia y miembro de la Academia de Ciencias de Irán, propone una visión diferente. Los guardianes de la información no han desaparecido; simplemente han cambiado de forma. El control editorial ha migrado desde las personas hacia los algoritmos.
Las redes sociales democratizaron la ciencia, pero también introdujeron nuevas vulnerabilidades
Las plataformas digitales han permitido acercar la ciencia al público como nunca antes. Investigadores, universidades y centros de investigación pueden comunicarse directamente con millones de personas, favoreciendo una participación más activa y una difusión más rápida del conocimiento.
Pero esta apertura tiene una contrapartida. La enorme cantidad de información que circula diariamente obliga a que alguien —o algo— decida qué contenidos son visibles y cuáles quedan relegados al olvido.
La cuestión fundamental ya no es si existe o no un proceso de selección, sino quién realiza esa selección y con qué criterios.
Del criterio editorial a la economía de la atención
Los medios tradicionales tampoco eran perfectos. Sus decisiones estaban condicionadas por múltiples factores y podían contener errores o sesgos. Sin embargo, existía al menos una cierta responsabilidad hacia la veracidad, la credibilidad y el interés público.
Los algoritmos que gobiernan gran parte de las redes sociales operan con una lógica distinta. Su principal objetivo es maximizar la atención y la interacción de los usuarios, ya que estas plataformas basan gran parte de su modelo económico en la publicidad y en el tiempo que las personas permanecen conectadas.
Desde esta perspectiva, el llamado “gatekeeping algorítmico” no constituye un fallo accidental del sistema, sino una consecuencia directa de la economía de la atención.
Dos mecanismos que se refuerzan mutuamente
La difusión de la desinformación no puede atribuirse exclusivamente a los algoritmos ni únicamente a las personas. Ambos factores interactúan.
Por un lado, los seres humanos tendemos a compartir contenidos novedosos, sorprendentes o emocionalmente intensos. Por otro, los algoritmos premian precisamente aquellas publicaciones capaces de generar mayores niveles de interacción.
Esta coincidencia crea un círculo de retroalimentación en el que determinadas informaciones —sean ciertas o falsas— pueden alcanzar una enorme difusión.
La desinformación, por tanto, no surge únicamente de los sesgos humanos ni exclusivamente de los sistemas automáticos de recomendación. Es el resultado de la interacción entre ambos.
Infografía | De los editores a los algoritmos: la nueva arquitectura de la desinformación
Figura 1. Resumen conceptual del marco propuesto por el Dr. Alireza Valizadeh. La desinformación surge de la interacción entre dos mecanismos complementarios: las preferencias humanas (demanda) y la amplificación algorítmica (oferta), dentro de un entorno dominado por la economía de la atención.
Una relación más compleja de lo que parece
Aunque existe un amplio debate sobre el papel de los algoritmos en la polarización social y la formación de creencias, las evidencias científicas todavía están lejos de ser concluyentes.
Algunos estudios recientes han mostrado que modificar los algoritmos de recomendación no siempre produce cambios inmediatos en las opiniones de los usuarios. Otros trabajos sugieren que los efectos pueden manifestarse a largo plazo y persistir incluso después de alterar el funcionamiento de las plataformas.
Esta aparente contradicción pone de manifiesto una dificultad fundamental: los sistemas de recomendación son extraordinariamente complejos y, en muchos casos, opacos para los propios investigadores.
La falta de transparencia constituye, en sí misma, uno de los principales desafíos.
La inteligencia artificial añade una nueva dimensión
La irrupción de la inteligencia artificial generativa introduce un nuevo escenario. Hoy es posible producir textos, imágenes, voces y vídeos sintéticos con un nivel de realismo sin precedentes y a un coste prácticamente nulo.
Esto no solo incrementa el volumen de información que compite por captar nuestra atención, sino que también dificulta distinguir entre contenidos auténticos y fabricados artificialmente.
En un mundo de imágenes hiperrealistas y vídeos manipulados, incluso las pruebas más evidentes pueden ser puestas en duda.
Más allá de eliminar los guardianes
El verdadero problema no es la existencia de mecanismos de filtrado. En cualquier sistema con millones de contenidos diarios, algún tipo de selección es inevitable.
La cuestión fundamental es otra: ¿para qué están optimizados esos mecanismos y quién responde por ellos?
Según el Dr. Valizadeh, la solución no consiste en eliminar el gatekeeping, sino en construir sistemas más transparentes, responsables y orientados hacia valores que vayan más allá de la simple captación de atención.
Porque, al final, la pregunta más importante no es quién controla la información, sino con qué propósito se ejerce ese control.
Autor
Dr. Alireza Valizadeh
Investigador del Instituto Zapata-Briceño de Neurociencia (Madrid, España)
Miembro de la Academia de Ciencias de Irán
Referencia
Valizadeh, A. From Editors to Algorithms: The Migration of Gatekeeping and the New Architecture of Misinformation. Perspectiva académica.